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Propósito: la búsqueda del sentido de vivir

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Autor: Pau Ninja
Último episodio en julio, 2022

#310. El hombre en busca de sentido somos todos nosotros, pero también el título del libro de Viktor Frankl. Un psiquiatra que sobrevivió a cuatro campos de concentración. Estas son las conclusiones que saqué de su historia.

Hace poco leí “El hombre en busca de sentido”, escrito por Viktor Frankl y ahora que estoy en un pueblecito perdido de tierras catalanas para aislarme un fin de semana, me ha ido bien darle al coco de lo que significó el libro.

Si os soy sincero al principio me esperaba una filosofada, pero nada que ver. Es un relato de lo que el bueno de Viktor vivió, que no fue poco.

Viktor Frankl sobrevivió, no a uno sino a cuatro campos de concentración nazis, y pudo comprobar de primera mano cuando un prisionero perdía la esperanza y se negaba a salir de la cama para pasar otro día de trabajos forzados.

El preso al que Viktor observaba entonces, se sacaba un cigarrillo que había estado escondiendo en su chaqueta y se lo fumaba con toda la parsimonia del mundo.

En esa situación, «gastar» un cigarrillo para fumarlo era como ponerte a fumarte un Bitcoin, pero la situación lo valía porque Viktor no decía que “el rumbo de su sentido se había perdido y había sido reemplazado por la búsqueda del placer inmediato”. Así que durante las 48 horas siguientes veían cómo ese compañero que había tirado toda su esperanza por la borda, se terminaba muriendo.

Como si el deseo y propósito de vivir estuviera ligado con la propia vida, algo que he reiterado algunas veces en el podcast.

Viktor Frankl: un hombre en busca de sentido

Tras pasarse tres años en campos de concentración nazis, Frankl se dio cuenta de que la pérdida del propósito solía ser lo que acababa con las vidas de los prisioneros, en mayor medida incluso que la falta de comida o medicinas.

En los campos de concentración es donde se le hizo más evidente porque los cuerpos dejaban de resistirse y morían, pero incluso después de la Segunda Guerra Mundial, Viktor pudo seguir comprobando lo importante que era el propósito para la vida de la gente.

El sentido de la vida

¿Qué saqué de lo que comenta Viktor? pues una conclusión que ya he dicho alguna vez en el podcast y que en la comunidad también se habló en su momento.

El sentido de la vida es conseguir que la vida tenga sentido, un sentido que varía cada día. Por esto os comentaba el 1 de enero que no hago propósitos de año nuevo.

Porque el sentido debe buscarse constantemente para llegar a sentir que se tiene.

Algo que (lógicamente) supone esfuerzo, pero si lo logramos lo que pasamos a hacer es a activar la mayor fuente de energía y productividad que tenemos los seres humanos. Por contra, si fracasamos iremos cayendo poco a poco en la oscuridad y perderemos la voluntad de vivir.

Un pozo del que es más difícil de salir.

Como psiquiatra, Frankl fue testigo de cómo pacientes que no tenían un propósito acababan consumidos por la adicción, la ira y la depresión. La pérdida de sentido había creado un vacío existencial en sus vidas que acababa llenándose rápidamente con desesperación, como si fuera un gas venenoso que llena una habitación.

Un gas venenoso que puede ser aún más letal que los otros tipos de gas que se usaban en esos campos de concentración.

En el gas nazi no pudo ayudar a nadie, pero en el gas de la desesperación sí, porque por la vocación que tenía Viktor, consiguió ayudar a estos pacientes usando un tipo de terapia llamada logoterapia, una palabra que deriva del término griego “logos”, que se puede traducir como «significado» o «sentido».

Formas de encontrar sentido a la vida

Cuando se veía forzado a encontrar un sentido y a ayudar a otros a encontrarlo, durante su época en los campos de concentración nazis, Frankl descubrió que existen tres fuentes principales de sentido: perseguir un objetivo vital, amar de forma desinteresada y sufrir con valentía.

Perseguir un objetivo vital

Esta primera fuente de sentido consiste en perseguir un objetivo vital.

Fijaros que cuando Frankl llegó al campo de concentración de Auschwitz, los guardias le despojaron de todas sus propiedades y le confiscaron un manuscrito en el que había estado trabajando durante toda su vida adulta.

Como no, pasó por un periodo de conmoción e incredulidad. Al cabo de un tiempo Frankl juró que sobreviviría al campo de concentración para poder reescribir y terminar ese manuscrito.

Se le metió tanto ese propósito, ese objetivo en la cabeza que el tío, mientras sufría tifus y se encontraba al borde de la muerte, usó trozos de papel que había recogido por el campo y empezó a tomar pequeñas notas a mano para comenzar la reconstrucción de su manuscrito.

Frankl sabía que el manuscrito era una obra que sólo él podía escribir. Nadie más tenía el mismo conjunto de experiencias, conocimientos y habilidades como para traer al mundo esa obra tan valiosa.

Me habéis escuchado hablar mucho de expresividad en el podcast. Porque los episodios, el escribir o la comunicación toma un rol tan importante para mí, porque es expresivo. Es transcendente a nivel personal. Todo el mundo puedo hablar de los mismos temas que yo, pero nadie puede hacerlo como lo hago yo. O como lo haces tu.

Porque cada representación expresiva que hacemos (arte, escritura, lo que sea), es una representación de la vida que hemos vivido.

Viktor sabía que tenía que salir con vida del campo si quería perseguir esa tarea vital, porque si moría su obra se habría perdido para siempre.

Si te murieses hoy, habría una tarea que sólo tú podrías haber terminado. Una obra que requeriría tu conjunto único de experiencias, conocimientos y fortalezas. Podría ser una charla que debías dar en el futuro, un proyecto al que deberías haber contribuido, un equipo que tendrías que haber liderado o un libro que estabas destinado a escribir.

Frankl dijo que “en los campos de concentración nazis, uno podía comprobar que quienes sabían que había una tarea esperándoles eran los más aptos para sobrevivir”.

El libro casi que incita a preguntarnos «cuál es esa tarea que me está esperando?». Si no lo sabemos, quizás una buena parte de energía la tendríamos que destinar a encontrarla, si está tan ligada a nuestro rol con la esperanza de vida y felicidad.

Levantarnos cada mañana con el objetivo de tener nuevas experiencias, adquirir nuevos conocimientos y desarrollar una combinación de habilidades.

Cuando sintamos que tenemos que prepararnos para una acción que sólo nosotros podemos llevar a cabo, una acción para la que hayamos nacido, sentiremos que la vida tiene un propósito.

Encontrar el amor desinteresado

La segunda fuente de sentido en la vida es el amor desinteresado, y es que antes de la guerra, Frankl trató a una mujer desconsolada porque había perdido a un hijo y tenía a otro con una grave discapacidad.

La mujer, antes de conocer a Frankl, había intentado suicidarse junto con ese otro hijo pero Viktor la detuvo y la ayudó a recuperar el sentido de su vida y a renovar su voluntad de vivir.

Frankl le pidió a esa mujer que se imaginase a sí misma con 80 años mirando atrás a una vida llena de placer y libre de la carga de cuidar de su hijo discapacitado.

Tras reflexionar, la mujer contestó que, mirando al pasado como una anciana, su vida le habría parecido un fracaso. Entonces, Frankl le pidió que imaginase una vida dedicada al cuidado de su hijo discapacitado. Y tras pensárselo, la mujer le respondió que habría logrado que su hijo tuviera una vida plena, habría hecho de él una mejor persona y podría decir que su propia vida estaba llena de sentido.

Esta historia, va relacionada con la definición de amor que usaba Frankl que era diferente a la de la mayoría

Tenía poco que ver con la sensación de estar enamorado y más con la lucha por ayudar a otros a tener éxito. Por lo tanto, para Frankl el amor era el acto de ver el potencial no realizado en los demás y crear oportunidades para ellos.

Algo que me recordó a un libro de Tolstoi que leí en el 2009. Un libro llamado «Felicidad familiar» que descubrí gracias a la película de Hacia Rutas Salvajes, en la que el propio Christoper McCandless cita lo que dijo Tolstoi. Dijo:

“Viví muchas cosas y ahora creo que hallé lo que se necesita para ser feliz. Felicidad familiar. Una vida aislada y tranquila en el campo, con la posibilidad de ser útil para quienes es fácil hacer el bien -la gente- y que no están acostumbrados a que se lo hagan. Y un trabajo que se espera sea de utilidad. Y el descanso, la naturaleza, libros, música, amar al prójimo. Ésa es mi idea de felicidad. Y sobre todo eso, tú como compañera; niños, quizás. ¿Qué más puede desear un hombre?”

Según Viktor, el amor sería tomarte un café con un amigo para ayudarle a aportar ideas sobre su último emprendimiento de negocios. Sería estar con un familiar enfermo para que pueda encontrar la fuerza que le permita vivir otro día.

Frankl dice que cuando consideremos que nuestra a vida le falta sentido, decidamos a quién queremos ayudar ese día. Hablemos con la persona o el grupo de personas cuyas vidas queramos intentar mejorar un poco.

Se habla de esforzarnos tantos para ayudar a los demás que nos llegamos a olvidar hasta de nosotros mismos, porque según Viktor: “cuanto más se olvida alguien de sí mismo para entregarse a otra persona, más humano se vuelve”.

Sufrir con valentía

No sé si esto es lo que nos hace humanos, pero en lo que si somos expertos es en esta tercera y última fuente de sentido: sufrir con valentía.

A lo largo de los tres años que Frankl pasó en campos de concentración nazis, tuvo que sobrevivir a cantidades inimaginables de sufrimiento. ¿Cómo encontró la forma de superarlo? pues imaginándose a sí mismo en el atril de una cálida y bien iluminada sala de conferencias.

Tal cual.

Se imaginaba a sí mismo dando una charla sobre la psicología del campo de concentración. De esa manera, todo lo que le oprimía en ese momento se convertía en algo objetivo que podía ver y describir desde el punto de vista de la ciencia. Usando este método, pudo elevarse por encima de la situación y del sufrimiento, observándolo todo como si fuera algo del pasado.

Eso nos recuerda a lo que dijo Nelson Mandela haber pasado en prisión durante décadas. Usó su sufrimiento como forma de inspirar a millones de personas por toda Sudáfrica para que perdonasen a sus enemigos y trabajasen unidos con el objetivo de reconstruir una nación.

No quiero entrar en la historia específica de Mandela, pero a lo que me refiero es a que su sufrimiento tenía un propósito.

Como Frankl dijo, “el sufrimiento deja de serlo cuando encuentra un sentido”, por esto siempre que nos suceda una buena hostia, un revés inesperado e incontrolable, hay que intentar encontrar un sentido con el fin de evitar que el sufrimiento se convierta en desesperación.

Es muy fácil decir que hay que mirar de forma objetiva al sufrimiento y preguntarnos cómo podría sernos valioso ese sufrimiento.

Lo que es mucho más difícil si me preguntáis a mi, es encontrar el valor de sufrimiento mientras se está sufriendo.

Y es que muchas veces el mayor valor del sufrimiento reside en la manera en que fortalece nuestro carácter.

Por ejemplo, si piensas en el personaje que más te guste de tu película favorita, es probable que haya tenido que superar algún tipo de sufrimiento. Y ese sufrimiento te permitió descubrir quién era de verdad ese personaje y lo que representaba.

Ahora… imaginémonos que somos el personaje de una película y, cuando estemos sufriendo, consideremos que se trata de una oportunidad para reforzar las creencias, valores y ideales, y para inspirar a otros haciéndolo.

Frankl decía que “al aceptar el desafío de sufrir con valentía, la vida tendrá un sentido hasta el último momento, y dicho propósito seguirá ahí literalmente hasta el final”.

«Tiene sentido encontrar sentido», ¿no?

Vemos constantemente que aquellas personas que más propósitos parecen tener (que no significa que los tengan simultáneamente), con más orgullo y ganas se toman el día. Más felices parecen estar, que no irónicamente está relacionado en más esperanza de vida y calidad de vida.

Tal vez los estudios sobre el ayuno intermitente y el incremento de longevidad de los que pasaron por campos de concentración nazis no fuera el único factor que les hizo vivir tanto. Tal vez ese propósito, es otra herramienta que no consideramos tan importante pero que juega un rol igual que el comportamiento de nuestras células en un ayuno prolongado.

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Sobre este podcaster ninja

podcaster En internet soy Pau Ninja y aunque tengo muchos blogs de mil temáticas que me parecen interesantes… Sólo tengo un podcast. Este. En la senda hacia el conocimiento cambié la katana por un micrófono para combatir la sed de curiosidad.

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